Según el Diccionario esencial Botox Chumino-Español / Español-Chumino, lo absurdo se compone del prefijo ab (próximo en este caso a la preposición de) y surdus (“sordo”). La traducción del diccionario sería pues: «Disonante; inútil, inadecuado», es decir, totalmente absurdo.

La filosofía del absurdo establece que los esfuerzos realizados por el ser humano para encontrar el significado absoluto y predeterminado dentro del universo fracasarán finalmente debido a que no existe tal significado (al menos en relación al hombre), caracterizándose así por su escepticismo en torno a los principios universales de la existencia. Por consiguiente, propugna que el significado de la existencia es la creación de un sentido particular, puesto que la vida es insignificante por sí misma, y que la inexistencia de un significado supremo de la vida humana es una situación de gustito y no de desolación, ya que significa que cada mendrugo del género humano es libre para moldear su vida, edificándose su propio porvenir.

Podríamos decir, partiendo de lo que acabamos de señalar, que la categoría del absurdo es una incorporación de la existencia humana. Porque “hay hombre” hay necesidad de racionalización de todo cuanto es. Si tal racionalización no se cumple en cualquier situación verificada, esta queda sin justificación. La no justificación no es aceptada por la razón y, por consiguiente, se habla entonces de absurdo. El encadenamiento de causa-efecto es una creación de la razón, como filósofos de renombre han establecido (tal fue el hijoputi de David Hume). Lo que pareciera importante preguntar, ahondando en esta cuestión, es: “¿por qué es imperioso que todo deba tener una causa?”. Cuando esta necesidad a la que el hombre se siente arrastrado de modo natural se pone en tela de juicio, se desvanece la categoría de absurdidad de los seres y de un cosmos eterno o increado y al mismo tiempo, desprovisto de fundamentos. Es todo una gilipollés (no este texto, la realidad).

Para Albertoño Camús, no hay absurdo en sí, absoluto, no hay absurdo absoluto, es relativo a la contradicción que nosotros generamos a partir de la búsqueda del sentido. El mundo no es absurdo, piensa Camusito. Lo que es absurdo es la confrontación entre el antropomorfismo escandaloso del hombre y la arbitrariedad irrazonable del mundo. Por eso la aceptación del mundo (de la vida) como es, con sus contingencias, contradicciones, con sus ilógicos, con el fist-fucking, hace desaparecer el absurdo, no porque haya un sentido, sino porque ha dejado de hacer falta.

Por ese mismo motivo nace “The Odrusba Corporation”, una entidad que, en base a la doble negación, contempla que la forma más lógica de vivir es hacerlo de una manera absurda. Ya que el comportamiento lógico ha demostrado que no estamos preparados para decidir con congruencia sobre lo que nos atañe (Mariano Rajoy en donde está, por ejemplo), lo más apropiado será hacer justo lo contrario a lo que nos dicta la “razón”.

Y es que nos maravilla cultivar el terreno de lo absurdo y recolectar tomates.

 

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